Mente e ideas

¿Las ideas son una extensión de mi mente, o por otro lado, mi mente es una extensión de las ideas?

Aparentemente, las ideas, especialmente cuando se convierten en una meta u objetivo a alcanzar, siempre me han parecido una creación de mi mente, la cual las desarrolla y evoluciona, hasta alcanzar ese objetivo o desistir en el intento. Es decir, están al servicio de la mente.

Pero recientemente, y a raíz de involucrarme intensamente en unas tareas de mi trabajo, he llegado a experimentar que pudiera bien ser al revés. Es decir, que si la idea tiene la fuerza suficiente, parece que es ella la que arrastra a la mente y la pone a su servicio. No sería la mente la fuerza motriz, sino la idea, que hace uso de mi mente para avanzar. Casi como si tuvieran vida propia, o al menos una fuerza y autonomía propias.

Esto último parece bastante más claro en los casos de “fluir” (flow en inglés), en los que la mente es absorbida casi literalmente en la realización de una tarea o idea y en llegar a una consecución u objetivo. Lo podríamos quizás relacionar o llamar también “momentos de obsesión positiva”. En esos momentos no me queda claro quien está al servicio de quien, si la idea al servicio de la mente o viceversa.

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